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La “autopista” Duarte

Era el año de 1998. Atrás quedaban varios años durante los cuales conductores y pasajeros habían padecido de lodazales, desvíos, precipicios, etc. La autopista Duarte era reinaugurada, y el resultado parecía “insertarnos en la modernidad”. Al menos dos carriles de ida y dos de vuelta, que a veces se extienden hasta a cuatro, además de un pavimento perfecto y profusamente señalizado, nos hacían sentir que “estábamos en otro país” y nos invitaban a desplazarnos sintiéndonos seguros y plácidos. Aún durante la noche, dada la correcta iluminación, conducir por la única autopista nacional que merecía ese apelativo era una nueva y deleitante experiencia. Se había superado la condición de “avenida inter-urbana”, que atravesaba La Vega, Bonao y Villa Altagracia, para tener en lo adelante una vía que bordeaba esas localidades. Sin embargo, nuestra colectiva afición por la conducta del cangrejo pudo más que el afán de modernidad de algunos ciudadanos, y diez años después contemplamos impávidos có...

Las "huelgas" médicas...

Hablar del reclamo del “Colegio” Médico Dominicano por el “merecido” aumento salarial en beneficio de sus colegas que prestan servicios en el sector público parecería una necedad, pues se trata de un tema que no ha dejado de estar en la palestra, desde el ascenso a la presidencia del “gremio” de los profesionales de la salud del inefable doctor Waldo Ariel Suero, hasta la fecha. Parece que se “llueve sobre mojado” cuando se recrean peticiones como la de un aumento del 100% para los médicos que prestan servicios en el sector público, cuando se afirma irreverentemente que “con el juramento hipocrático no se va al supermercado”, o cuando recordamos las múltiples e inoportunas convocatorias a marchas, “huelgas” (expresadas en la paralización de centros públicos de salud) y huelgas de hambre, como la que ocupó un inmerecido espacio en la prensa, durante la semana pasada. Las “reivindicaciones” del Colegio Médico deben ser analizadas juiciosamente por la ciudadanía, con sentido crítico, tant...

Publicidad estatal...

El mundo sufre cada día las consecuencias una profunda crisis financiera, causada por los altos costos de la energía y por la explosión de la burbuja especulativa con las hipotecas basura o “sub-prime”. Dentro de esa crisis y sus secuelas, cabe destacar el desgano con que algunas de nuestras autoridades se conducen, dando la espalda a la realidad antes descrita, que impone una cultura del ahorro y un uso racional de los recursos del Estado. Uno de los aspectos más desafortunados del manejo histórico y actual de los fondos públicos está relacionado con la publicidad de las diferentes dependencias del Estado Dominicano, que es utilizada en algunos casos, de manera irresponsable, para ganar la buena voluntad de medios de comunicación y periodistas. No abogo aquí en pro de la supresión absoluta de la publicidad estatal. Sin embargo, propongo un análisis concienzudo de cada comercial de televisión, radio o prensa escrita, para determinar si es útil a nuestra sociedad realizar esa inversión...

Derribo de aeronaves...

Con febril entusiasmo, sectores muy bien intencionados de la prensa, al igual que legisladores y otros servidores públicos, exigen medidas extraordinarias para frenar el auge que ha tomado en nuestra media isla una nueva modalidad para introducir estupefacientes: el “bombardeo”. A través de este mecanismo, los temerarios narcotraficantes violan nuestro espacio aéreo a bordo de aeronaves civiles, y volando al ras del suelo para evitar los radares, dejan caer droga en pacas que son recogidas por sus cómplices en tierra, quienes se encargan de organizar el próximo trayecto del nocivo producto ilícito, que usualmente está destinado a los Estados Unidos o a Europa. En la búsqueda de una respuesta, el Estado dominicano se apresta a la adquisición de nuevos aviones de guerra (Los famosos 8 Súper Tucanos, fabricados por Embraer, en Brasil), con la marcada intención de proteger el territorio nacional de esas incursiones clandestinas. Haciendo abstracción de la crítica hecha por el Senador de Sa...

La fiebre no está en la sábana...

La crónica policial de la prensa dominicana es un parámetro más o menos objetivo que nos permite arribar a una conclusión que todo el mundo sospecha y proclama: la delincuencia “campea por sus fueros” en nuestro país, y los esfuerzos de nuestros órganos encargados de la prevención y persecución del delito no parecen estar en condiciones de dar la respuesta contundente que nuestra sociedad reclama contra el “flagelo de la delincuencia”. Si bien lo anteriormente dicho constituye una “verdad de Perogrullo”, su proclamación suele acompañarse de una afirmación que parte de una premisa totalmente falsa: “la culpa es del ‘nuevo’ Código Procesal Penal". No solo es falsa esa afirmación por llamarle nueva a una norma jurídica votada en el año 2002, sino porque, como lo sugiere el intitulado de estas breves líneas, el problema no es la norma jurídica utilizada para investigar y hacer enjuiciar los ilícitos penales, sino la cultura de los operadores del sistema en general (jueces, fiscales, a...